Cuando las emociones nos causan problemas

 En multitud de ocasiones nos encontramos con emociones que nos desbordan, percibimos que perdemos el control de nuestros actos y nos dejamos llevar. Por ejemplo, una persona que se queda días encerrado en casa, sin levantarse apenas de la cama y llorando, es una persona que se deja llevar por la emoción de la tristeza. Otro ejemplo sería esa persona que considera intolerable que alguien se choque con ella en la calle, y cuando esto sucede reacciona con gritos exagerados.

Los psicólogos llevan años y años estudiando las emociones, en este breve texto proponemos una definición y una serie de pautas que se aplican en las consultas de psicología.

Pero ¿qué función cumplen las emociones? ¿Para qué sirven?

Las emociones nos proporcionan información. Nos dicen qué es lo que está pasando a nuestro alrededor. Por este motivo es tan importante escucharlas. En los ejemplos que hemos puesto, la persona que se queda en casa siente tristeza porque ha sufrido algún tipo de pérdida. Puede ser desde una ruptura amorosa (pérdida de la pareja), o una insatisfacción vital (pérdida de la autorrealización). En cambio, la persona que reacciona con gritos al que se ha chocado con él, ha establecido una norma rígida (“nadie debe chocarse conmigo, pues me estarían faltando el respeto y este es muy importante para mí”), y cada vez que alguien infringe esa norma reacciona violentamente para sacar la frustración que le produce ese incumplimiento.

En ambos casos la emoción ha aportado información a la persona. A la primera le ha señalado lo importante que esa pérdida ha sido para su vida. En el segundo caso la emoción ha señalado que la norma rígida que se había establecido ha sido trasgredida, y alguien debía ser castigado. Si nos damos cuenta, un mundo sin emociones es imposible. Estas nos permiten sobrevivir y evolucionar ya que forman parte del contacto que tenemos con la realidad. De la misma manera que tenemos nuestros cinco sentidos en forma, las emociones nos informan sobre lo que nos rodea y el modo en que nos afecta.

Las emociones también preparan nuestro cuerpo para actuar en consecuencia con lo que se percibe. A la persona triste le prepara para la soledad y la introspección, necesita “digerir” una pérdida, por lo que necesita tiempo y espacio para reflexionar. Por su parte, la persona agresiva necesita de la fuerza de su voz y sus músculos tensos para agredir verbal o físicamente al que se ha chocado con él. Las emociones predisponen a nuestro cuerpo a actuar de una determinada manera.

Además, las emociones cumplen un papel social al formar parte de la comunicación humana. Si lloramos es porque queremos transmitir a los demás la tristeza y sentirnos apoyados. Si nos enfadamos y gritamos, estamos mostrando que no nos gusta algo que la otra persona está haciendo o diciendo. Las caras que ponemos de felicidad, las risas, todo permite que se refuercen los lazos con amigos y familiares. Todas estas expresiones, toda esta comunicación depende en buena parte de las emociones.

El problema de las emociones puede ser de diferentes tipos.

Puede que las estemos evitando, negándolas. De esta manera lo único que conseguimos es que cada vez nos sean más desagradables, y que las situaciones en las que se dan nos cuesten más de superar. Si la persona que está triste no se enfrenta con su emoción de tristeza, que se manifiesta cuando trata de retomar su vida cotidiana, dificilmente superará el estado depresivo en el que se encuentra. Tras un período razonable de reflexión, la pérdida debe ser procesada volviendo a la vida normal. Las emociones tienen un proceso natural de desaparición, una vez su función ha sido llevada a cabo. La emoción de tristeza, por seguir con el ejemplo, una vez pasado el período de reflexión, nos invita a volver a la actividad, de lo contrario aumentaremos la cantidad de tristeza porque nos estamos abandonando, quedando solos, etc.

También puede ser que estemos confundiendo las emociones y no sepamos exactamente qué estamos sintiendo. Así, la persona agresiva está ocultando su emoción de frustración (que le mostraría como alguien débil). Para ello pone encima una demostración de fuerza, una agresividad poco coherente con la situación, consiguiendo así mantener intacta la idea que tiene de sí mismo. Si esta persona se conociese de verdad, sabría que la emoción de frustración es completamente normal en él, y que no tiene que sentirse avergonzado cada vez que alguien se choca con él por la calle, ya que no es ningun ataque a su persona. Lo único erróneo es establecer una norma excesivamente rígida. El desconocimiento de sí mismo hace que intente solucionar un problema (“no puedo mostrarme débil”) con otro problema mayor (discusiones, peleas…).

¿Cómo “llevarnos bien” con las emociones?

Para que nuestras emociones nos ayuden en lugar de crearnos malestar, tenemos que cambiar nuestra relación con ellas. En primer lugar, hay que entender que las emociones nos aportan información sobre una situación, pero que las acciones que emprendemos las decidimos nosotros, no la emoción. Si yo siento rabia, tengo la información de que hay algo que no está saliendo como yo quiero, algo me está frustrando, pero soy yo el que decide cómo solucionar la situación. Puedo elegir golpear a la persona que me molesta, llevado por mi emoción. Pero también puedo decir de forma clara y firme qué es lo que me está molestando.

En el caso de la persona triste, una vez ha recogido la información de que debe de procesar la pérdida, y que necesita un tiempo de reflexión, puede elegir en qué momentos darse ese tiempo o a quién contarle su situación. El hecho de que siga con la emoción de tristeza significará que aún no está procesado, pero no que debe invertir meses de su vida en estar encerrado en casa. De hecho, estar encerrado continuamente no ayuda a procesar nada. Es necesario buscar actividades que nos confronten con la emoción de tristeza y pérdida, y es ahí donde empezaremos a superar la situación.

Para poder extraer bien la información de una emoción, necesito aclarar de qué emoción, o conjunto de emociones, se trata. Muchas veces la frustración la sentimos como agresividad, la ansiedad como peligro, la tristeza como debilidad; por eso actuamos de un modo poco acorde con lo que nos está sucediendo. Es necesario un nivel de introspección elevado, conocerse a sí mismo. De otra manera, actuaremos de forma que no nos ayude a superar el problema que la emoción nos está indicando. Tristeza no es inactividad y victimismo. Ansiedad no es huida y negación de lo que está sucediendo.

Por último, es necesario aceptar las emociones como lo que son. Si yo estoy frustrado por mi trabajo, porque no me siento realizado, lo mejor será que acepte esta situación como frustrante, y que después busque una solución. Si, por el contrario, me niego a aceptar que mi trabajo es frustrante, tendré que evitar esa emoción con otros medios (con alcohol, exceso de televisión o internet, compra compulsiva, unirme a una secta…), con lo que el problema emocional no se supera y yo sigo frustrado toda mi vida. Por eso es necesario no evitar las emociones, vivirlas tal y como se dan, sin aumentarlas ni disminuirlas, sencillamente dejándolas que fluyan.

En resumen, hay que buscar en las emociones la información que nos permite enfrentarnos adecuadamente a las situaciones de la vida, hay que aceptarlas tal y como son, y no hay que olvidar que somos nosotros los que decidimos qué hacemos, qué acciones emprendemos, qué cosas decimos y cómo las decimos. En definitiva, ni evitar las emociones ni dejarnos llevar por ellas.

“In medio virtus”, dijo Aristóteles.

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