Cuando la masculinidad es problemática 

La sociedad está en continuo proceso de cambio, nunca deja de evolucionar, en ocasiones para bien, en ocasiones para mal, para algunas cosas rápido y para otras lento. En cualquier caso evoluciona. Uno de los campos en los que más se ha avanzado a lo largo del siglo XX es el de los roles de género, aumentando sensiblemente la igualdad entre hombres y mujeres. Las luchas feministas, desde las sufragistas a las reivindicaciones que consideraban un trabajo el “hacerse cargo de la casa”, pasando por las luchas contra la homofobia o la relativamente reciente Teoría Queer, han ido dejando un poso importante que se refleja en la sociedad actual. Sin embargo, debido a que todavía queda mucho camino por recorrer, es interesante que cada persona se mire a sí misma y sea partícipe de este cambio, cambiándose a sí misma.

En este artículo hacemos referencia, precisamente, a la masculinidad. Podemos entenderla como ese conjunto de comportamientos y visiones de vida en los que son educadas las personas de género masculino, y que determinan su forma de ser y comportarse. Al igual que cualquier tipo de educación recibida, puede ser cuestionada y cambiada si se considera necesario, cambiando los comportamientos para cambiar las actitudes.

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Desde hace tiempo se habla de las Nuevas Masculinidades. Existen grupos de hombres que la fomentan y trabajan en sí mismos, así como asociaciones, profesionales y colectivos que la difunden y estudian. Esta nueva masculinidad ha surgido debido a los problemas que generaba la masculinidad tradicional. Vamos a analizar brevemente en qué consisten ambas, y qué propuestas de cambio se pueden vislumbrar.

(Nota: Hemos puesto ejemplos que pueden parecer un tanto exagerados y estereotipados. Es cierto, pero eso no excluye el que muchos de nosotros compartamos algunos de ellos en mayor o menor medida, por lo que no sentirse identificado con los mencionados, no significa que nos podamos considerar libres de ellos).

La masculinidad tradicional

En amplias capas de la sociedad, todavía se mantiene una visión dogmática de cómo debe ser lo masculino. Así, se dice que el hombre debe ser fuerte, es decir, que debe soportar estoicamente los problemas que le presenta la vida. Debe reaccionar agresivamente a todo ataque, dejando claro que es una persona que no es fácil de pisar y que nunca se rinde. Además, comparte con el resto de hombres una sensación de “manada” que le da seguridad, de ahí que, cuando hablan con otros hombres sobre las mujeres suelen hacer gestos de “tú ya me entiendes”.

Ha sido educado en tratar a los que están por debajo de su posición en la jerarquía social con paternalismo. Muchas veces no los reconoce como iguales y siempre marcará su posición de superioridad, normalmente sin darse cuenta y habitualmente de una manera difícil de percibir. Raramente atiende a razones si lo que tratas de expresar es una opinión distinta de la suya, aunque te escuchará atentamente cuando esté de acuerdo contigo.

Pero la masculinidad tradicional no se reduce a unas reglas sobre cómo debe ser un hombre, sino que también estipula como NO debe ser un hombre. Aquí encontramos que, básicamente, un hombre se define por que NO es una mujer, y una gran parte de su comportamiento irá encaminado a dejar claro que no hay que identificarle como tal.

De esta manera, los hombres suelen evitar sentir las emociones, y sobretodo, los gestos que las acompañan (tales como llorar, buscar ayuda, aparentar tristeza…). Esto les lleva a estar  malhumorados y agresivos en más ocasiones de lo recomendable, ya que este es el único recurso de afrontamiento de problemas que los hombres pueden permitirse debido a su educación. Muchas veces reaccionan gritando o enfadándose, aun cuando sea una reacción poco acorde con la situación y nos extrañe.

Casi siempre hablan de sus problemas en términos técnicos y mecánicos, enumerando las acciones que van a realizar y las esperanzas que tienen en que los problemas se arreglen sin que sea necesario pagar el precio del malestar emocional. No profundizan en su dolor, su rabia, sus miedos, su tristeza o sus inseguridades. No verbalizan, ni tratan de entender estos sentimientos, sacándolos muchas veces mediante la agresividad. También pueden recurrir al silencio, al encerrarse en sí mismo, al cruzarse de brazos, para evitar los conflictos en los que saben que tienen las de perder (conflictos domésticos, de asumir responsabilidades, pedir perdón…).

 

Problemas que genera la masculinidad tradicional 

Esta falta de recursos para enfrentarse a las emociones que amenazan con desbordarles, esta continua demostración de que no son mujeres, este continuo auto-juicio y esta continua rigidez, les lleva a desarrollar una serie de problemas. Lo que suele suceder es que hacen pagar al entorno por ellos, en lugar de trabajarlos por ellos mismos (el caso más extremo es el de la violencia machista).

Toda la frustración que van acumulando debido a que el mundo no es como ellos quieren que sea, les hace repetir conductas desadaptativas y que pueden desembocar en una conducta antisocial. De este modo surge la violencia de género, las adicciones, el alcohol, la violencia en casa o en los estadios de fútbol…Aunque, por supuesto, estamos poniendo ejemplos muy evidentes, también pueden ser conductas más encubiertas, pero igualmente dañinas (maltrato psicológico, necesidad de posesión, celos, autoritarismo…).

La masculinidad estereotipada puede estar muy asociada con problemas de ansiedad y de depresión. También suele generar problemas familiares, sexuales, de pareja o en los lugares de trabajo. A la vez se produce una completa pobreza emocional que impide a estos hombres disfrutar de la vida como tal, ya que no saben profundizar en lo que les está sucediendo cuando les sucede algo bueno. Es decir, que no solo influye sobre los demás de manera negativa, si no que también lo pasan mal ellos mismos.

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Nuevas Masculinidades

Debido a las limitaciones que impone la masculinidad tradicional en el comportamiento, las Nuevas Masculinidades abren un nuevo campo de experimentación en el que los hombres tomamos parte activa en cómo queremos ser, eliminando en la medida de lo posible las influencias de la educación recibida. Se le llama Nuevas Masculinidades, en plural, para manifestar el deseo de que sea un concepto múltiple, donde tenga cabida la diversidad de opciones y no una única forma de masculinidad.

De esta manera se propone un auto-análisis para descifrar nuestros comportamientos y el porqué los hacemos. Saber cuando vienen de la frustración, cómo digerir dicha frustración y como hacerle frente de una manera adecuada. También aprender a procesar las emociones en general y perderles el miedo, así como perder el miedo a expresar como nos sentimos.

Sentirse orgulloso de mostrar las propias debilidades (antítesis de la masculinidad tradicional) en lugar de sentirse humillado por ello. Romper, en la medida de lo posible, con todos los tabúes que nos han inculcado desde niños, para poder empezar a ser nosotros mismos. En esto consisten las Nuevas Masculinidades, un paso más en la consecución de una sociedad más horizontal. En nuestras manos está la llave, delante de ti la puerta. ¡Atrevámonos!

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